Artículos

· Sobre Infierno grande
· Mythology and cliché in...
· Mitología y cliché en las discusiones lit
· La vida doble y triple de Lewis Carroll
· Encuesta Ñ de literatura argentina
· Leyes (y transgresiones)...
· Para una biografía de Funes
· Prólogo para El punto de vista
· Acerca de "Acerca de Roderer"
· Presentación de Samanta Schweblin
· Lo verdadero y lo demostrable
· Qué leen los que escriben
· Una sala de espera
· Los días contados
· Arte de magia I. Roberto Mansilla
· Arte de magia II. Federico Ludueña
· Literatura argentina (El Cultural)
· El lector y sus criterios
· Un plan a futuro
· Sobre la mesa de luz
· Sobre el robo de libros
· Sobre Seinfeld
· Una pasión privada
· Sobre Philip Roth
· Literatura y cine
· Confesionario
· Borges todavía
· Diecisiete líneas sobre Truman Capote
· El héroe que espera
· El Golem
· Un ejercicio de esgrima
· Los juicios del tiempo
· Sobre el pequeño Larousse
· Sobre los premios
· La feria del libro y yo
· El experimento de la conciencia
· El amor correspondido y el experimento...
· La serie de los actos, la serie de los libros
· Borges y la matemática
· Los gemelos pitagóricos
· Borges y tres paradojas matemáticas
· Statement September 11
· Soluciones y desilusiones
· Sobre el 11 de septiembre
· Reality and fiction
· Elogio de la dificultad
· Un margen demasiado exiguo
· Un regreso a El Aleph
· La ley del deseo
· Un Dios pequeño, pequeño
· La música del azar (Entrevista a Chaitin)
· Lo que repito tres veces
· Los robos gentiles
· Una secta afortunada
· El cuento como sistema lógico
· Literatura y racionalidad
· Consideraciones de un ex político

// Diecisiete líneas sobre Truman Capote

DIECISIETE LÍNEAS SOBRE TRUMAN CAPOTE

Publicado en Revista La Nación, 2005.

   Si bien Truman Capote se hizo famoso sobre todo por A sangre fría, creo que lo mejor de su obra está repartido entre su obra Desayuno en Tiffany’s y algunos de los relatos de Música para camaleones. Hay allí uno en particular, Ataúdes tallados a mano, que por mucho tiempo no pude volver a leer por la razón más pueril: me había dado miedo de verdad, una clase de miedo que no sentía desde la infancia, como si me hubiera expuesto a una forma insidiosa e irreversible del mal, lo empecé en la circunstancia más desprevenida: estaba tumbado en la playa, el sol era amable y mi hija hacía flancitos de arena a mi alrededor. Cuando terminé, sólo veía sombras, como si el sol se hubiera apartado, y no conseguía que se me borrara la risa triunfante de Quinn, al borde del río, después de haber llenado sus siete ataúdes. El cuento lleva como subtítulo Relato real de un crimen americano, pero se especula que Capote quería repetir el éxito A sangre fría y fingió para los lectores que había detrás una historia documentada. Recién ahora, diez años después, porque lo invoco dentro de una novela propia, pude volver a leerlo, como quien desarma, con el temor de ser lastimado, una antigua trampa. El filo está intacto: el cuento daña.